Trova de Cabrales

 

Para subir hasta Asiego,
¡válgame Jesús, ya tiemblo!,
porque voy a pasearme,
no entre jardines amenos,
sino en unos andurriales
y entre hombres tan perversos
que parecen abortados
de los profundos infiernos.

En fin, son como se crían
en tan infame terreno,
porque no hay duda, señores,
de que es de una pieza el suelo,
cadoviales, tanoviales,
argomales y brezos,
ésas son las producciones
de tan mísero terreno.
Sus cimientos son tan firmes
que si viene un calderero
no halla dónde hincar el yunque,
y se suele volver por eso
sin remendar cosa alguna
que toque a su ministerio.

No hallan dónde escarbar,
ni ellos tienen más comercio
que la llave del corral,
que es afán de majaderos,
ellos todos son iguales
y del color del terreno,
negrellines, cepellines,
mezquellines, y no quiero
decirlo todo, porque...
si me cogen, ¡válgame el cielo!,
me llevarán al corral
y el salir cuesta dinero,
porque jamás aquí ha faltado,
según dicen los más viejos,
un encorralador,
una puta y un ladrón
y un hombre de bien
entre ellos.



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